Paradoja de Jevons + Esto también pasará + Tres fases de la verdad
Esta semana en La Bombilla:
La paradoja de Jevons: 1865, Watt hizo el vapor 5 veces más eficiente y el consumo de carbón se disparó — la eficiencia libera capacidad, pero esa capacidad casi nunca queda vacía (eficiencia y ahorro no son lo mismo)
La puerta de transformación: “Esto también pasará” funciona en las dos direcciones — en los malos momentos es fuerza, en los buenos es presencia
Cita que nos gusta: Schopenhauer lo clavó — toda verdad pasa por ridículo, rechazo y obviedad (la mayoría abandona en la fase dos, ahí es donde se gana la partida)
La paradoja de Jevons
En 1865, el economista inglés William Stanley Jevons publicó un libro sobre el carbón con un argumento que casi nadie quería escuchar.
La máquina de vapor de James Watt era cinco veces más eficiente que sus predecesoras.
Y precisamente por eso, decía Jevons, el consumo de carbón en Inglaterra no se había reducido. Se había disparado.
La lógica era incómoda. Cuanto más barato resulta usar una tecnología, más se usa.
Watt no ahorró carbón. Hizo rentable quemarlo en miles de aplicaciones donde antes no lo era. Fábricas más pequeñas, más maquinaria, nuevos procesos, nuevas industrias que antes simplemente no existían porque el coste energético era prohibitivo.
La eficiencia no redujo el mercado del carbón. Lo expandió.
A medida que los motores mejoraban, las minas no daban abasto. El carbón más eficiente había generado más carbón, no menos.
El efecto rebote
Lo que Jevons describió tiene nombre: la paradoja de Jevons, o efecto rebote.
Cuando un recurso se usa de forma más eficiente, su coste efectivo por unidad baja. Y cuando el coste baja, el número de usos posibles sube.
Lo que se ahorra en cada uso individual se pierde —o incluso se multiplica— en el volumen total.
No es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando exactamente como se diseñó.
Por eso esta paradoja importa tanto para cualquier emprendedor.
Porque muchas mejoras operativas no reducen la carga del negocio. La desplazan.
Automatizas una tarea y, en lugar de ganar tiempo, abres tres líneas nuevas de trabajo.
Contratas una herramienta para producir más rápido y acabas publicando más, revisando más, midiendo más, gestionando más.
Mejoras un proceso comercial y, en vez de simplificar la empresa, aumentas el número de leads, llamadas, seguimientos y excepciones que hay que atender.
La eficiencia libera capacidad. Pero la capacidad liberada casi nunca queda vacía. Alguien la ocupa.
Lo que no se ahorra
La pregunta relevante no es si tu sistema de trabajo es más eficiente que antes. Es hacia dónde va la capacidad que libera.
Porque una mejora puede servir para ganar margen, foco y calma. O puede servir para alimentar más complejidad, velocidad y ruido.
La paradoja de Jevons no dice que mejorar la eficiencia sea un error. Dice que eficiencia y ahorro no son lo mismo.
Para usar menos, no basta con mejorar la técnica.
Hace falta una decisión explícita sobre qué no vas a hacer con la capacidad que acabas de liberar.
Esto También Pasará
Recuerdo cuando era joven. Mi padre estaba pasando por un momento particularmente difícil. Problemas en el negocio, presión en casa, el tipo de peso que un niño percibe sin entender del todo.
Una noche lo escuché hablándose a sí mismo, casi en un susurro, y dijo: “Esto también pasará.”
No entendí lo que quería decir. Pero algo en cómo lo dijo se me quedó grabado.
Tiempo después, las cosas cambiaron. El negocio de mi padre parecía ir muy bien. La casa respiraba un sentimiento de progreso, de alivio, de algo bueno que por fin había llegado.
Recuerdo que estaba hablando con un amigo sobre cómo iban las cosas, y en medio de la conversación dijo exactamente lo mismo: “Esto también pasará.”
¿Por qué dirías eso cuando todo va bien? ¿Por qué traer esas palabras a un momento de alegría?
Fue solo muchos años después, cuando me convertí en adulto y tuve mis propios altibajos, que empecé a entenderlo.
La frase tiene raíces antiguas. Se atribuye a poetas sufíes persas, y hay una fábula sobre un rey que pidió a sus sabios una frase que fuera verdadera en todos los momentos, buenos y malos. Le dieron un anillo grabado con esas palabras: “Esto también pasará.”
Lo que mi padre entendía, y lo que me tomó años de vida vivir por mi cuenta, es que la frase funciona en las dos direcciones. En los momentos malos, es un recordatorio de que el dolor no es permanente. Que lo que hoy parece insoportable va a cambiar, porque todo cambia. Eso da fuerza para resistir.
Pero en los momentos buenos, es algo más difícil de aceptar. Es un recordatorio de que lo que hoy se siente como victoria, como progreso, como llegada, tampoco es permanente. No para quitarle valor. Para que lo saborees mientras está aquí. Para que no lo des por sentado. Para que lo vivas con la atención que merece, sabiendo que el tiempo se lo llevará también.
He tenido mis propios momentos de los dos tipos. Momentos donde todo parecía derrumbarse y la única verdad que me sostenía era saber que pasaría. Y momentos donde todo iba mejor de lo que había imaginado, y la misma frase me recordaba que debía estar presente, realmente presente, porque eso tampoco duraría para siempre.
La realidad es simple. El tiempo nos da ambos. Siempre. Sin excepción. No podemos evitar los momentos difíciles y no podemos retener los buenos. Lo que sí podemos hacer es aprender a estar en cada uno con la conciencia de que es temporal.
Resistir los malos con la certeza de que pasarán. Vivir los buenos con la gratitud de saber que también lo harán.
Mi padre lo sabía. Yo necesité años para aprenderlo.
Esto también pasará. En los malos momentos, es fuerza. En los buenos, es presencia.
“Toda verdad pasa por tres fases: primero es ridiculizada, luego es violentamente rechazada y finalmente es aceptada como evidente.”
— Arthur Schopenhauer —
Me gusta esta cita porque describe de forma precisa lo que vive un emprendedor que ve algo antes que el mercado.
La primera fase es la más traicionera. No te atacan, se ríen. Tu idea no genera oposición, genera indiferencia educada. “Qué interesante”, te dicen. Cuando lo cierto es que piensan que estás perdiendo el tiempo.
La segunda fase es la más dura. Porque cuando empiezas a ganar tracción, los que se reían ahora se resisten. Ya no eres inofensivo. Eres una amenaza a su forma de ver las cosas.
Y la tercera es la más frustrante. Porque cuando finalmente el mercado te da la razón, nadie recuerda que se rieron. Ahora todos dicen que “era obvio”.
He vivido las tres fases. Con decisiones estratégicas que al principio generaron silencio, luego resistencia y finalmente se convirtieron en “la forma correcta de hacerlo”. Y lo más difícil no fue tener la idea, fue sostenerla mientras nadie más la veía.
La mayoría abandona en la fase dos. Y ahí es exactamente donde se gana la partida.





